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Poesía en chocolate, Ruro Chocolatería

Floreciente como una explosión de fragancias del tallo de un edificio, el aroma del chocolate te jala. Es floral y carnoso con un toquecito de especias. Es pura pasión. Te da la bienvenida a uno de los nuevos tesoros de esta ciudad Imperial, una chocolatería fina.

Nombrada Ruro, la palabra quechua para granos que incluye los del cacao, nos recuerda que el chocolate se origina en la cuenca del Amazonas y que el Cusco tiene su propio cacao indígena llamado chunchu, la palabra para los nativos de las tierras bajas. Produce vainas más chicas que las del cacao híbrido, pero su cacao es usuario

Mural de la planta de cacao (Walter Coraza Morveli)
Mural de la planta de cacao (Walter Coraza Morveli)

La tienda brilla con luz y aire, una cima de cerro en una selva llena de perfume y solaz. No solo nos ofrecen trufas y barras de chocolate (de 70% cacao, 50% y de chocolate blanco, cada uno una revelación de sabor) también nos tiene chocolate moldeado en la forma de íconos peruanos y cusqueños.

Al entrar te ofrecen una taza de té de cáscara de cacao. Funde la ligereza de la luz de mañana con un sabor delicado y un perfume que te tienta a probar la variedad de trocitos de chocolate que ofrecen en un plato para probar.

Soledad Champi Oviedo nos trae las tazas con una sonrisa que compite con las flores de cacao de pasión y poder. Espigada y ágil como jugadora de vóleibol competitiva y de la provincia de la Convención de donde proviene también el chuncho, Soledad nos recuerda que también sirven un chocolate caliente con leche cremosa y, por supuesto, chocolate chuncho. Si te apetece algo frío tienen a la mano helados artesanales con el mismo chocolate y las vainas de vainilla.

Su energía, controlada e intensa, nos seduce a conversar. Se conoció con la otra dueña del establecimiento, Sharon Caballero Enciso, mientras las dos trabajaban en una fábrica de chocolate y estudiaban turismo. Decidieron que su pasión era hacer chocolate y que lo podían preparar mejor que en la fábrica donde trabajaban.

Juntas abrieron Ruro hace apenas tres semanas, después de un trabajo arduo, detectivesco de encontrar los mejores ingredientes además de un buen local y buen diseño. El primer día temían que no viniera nadie a la tienda. Tomaron un plato con pedacitos de su chocolate, blanco, de leche, negro, mezclado con hojas de coca, y con paprika picante. Invitaban a los transeúntes y rápido comenzaron a entrar a la tienda. No vinieron de uno en uno, sino en grupos.

Ubicada en la puerta de un restaurante fino, Paprika, y de un hotel de 4 estrellas en la Calle Plateros 383, el aroma de chocolate jala a la gente que pasa uno a uno. Tenían que entrar a Ruro para probar y comprar el chocolate delicioso.

Sin hacer más anuncios y en poco tiempo Ruro se está haciendo un éxito.

Las trufas de Ruro (Walter Coraza Morveli)
Las trufas de Ruro (Walter Coraza Morveli)

Quise probar las trufas ya que con ellas se puede conocer el grado de arte del chocolatero. Ruro ofrece cuatro por el momento: coco, lúcuma, vaina de vainilla y maní. Cada una lleva una decoración distintiva de chocolate blanco, a veces con colores, y tiene una cobertura de chocolate negro fino y lleno de sabor. Adentro trae un ganache rico y bien preparado y saborizado con lúcuma, coco, o maní. Los sabores se combinan perfectamente para resaltar el chocolate y no remplazarlo con otro sabor. Hay mucha promesa acá.

La meta de Ruro es promocionar el cacao increíble de La Convención, es decir el chuncho, junto con otros productos de la zona. Soledad insiste con fuego que los mejores productos del Perú han tendido a ser exportados y por consecuencia la gente local no tiene nunca la oportunidad de probar y conocerlos. Sharon y Soledad quieren dar vuelta a esta situación y ofrecer el mejor chocolate del mundo acá en el Cusco.

En su café enseñan a los que entran en cuanto al chunchu y su calidad, a la vez que ofrecen lo que solamente se puede llamar el mejor chocolate de la ciudad del Cusco

Si les visitas para un chocolate caliente, rico y oscuro o con menos chocolate para fortalecerte en contra del frio nocturno de esta ciudad de altura, si compras trufas o unas barras para llevar a casa y compartir, habrás encontrado el verdadero tesoro de la ciudad, uno que ha yacido tapado y escondido por tanto tiempo. Ahora ingresa a la luz brillante y perfumada del día y se hace un milagro en tu paladar.

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