Cuentos

Expedición en busca de la veta del Oro (Tocabe)

Cuenta la historia que un grupo de 4 mineros que vivían en Quincemil, distrito de la provincia de Quispicanchis Cusco, tomaron la decisión de salir en una expedición en busca de una veta de oro, ubicada en la cabecera de colorado en un lugar llamado Tocabe.

Para esta expedición llevaron provisiones dentro de las cuales destacaban la fariña, que es la yuca molida seca, la harina de plátano verde, estos dos productos son propios de la selva que al comerlos mantienen el estómago lleno. También llevaron pescado bocachica seco, a manera de chalona o carne seca, el cual se conserva por mucho tiempo a pesar de la calor de la selva, Como instrumento para abrirse camino llevaron los machetes, pues la selva tenía una vegetación exuberante, durante el camino bebían el agua de la paca y del coco, que son aguas naturales, ya que el agua de los ríos estaba contaminada por las mineras.

Después de tres días de viaje acamparon cerca de una tribu nativa llamada Guacamayo, donde hicieron una choza a base de hojas de palmera, pasando la noche allí. Esa noche escucharon voces extrañas , que parecían ser de animales gigantes por la fuerza con la que gritaban, con el miedo no tuvieron el valor de salir para que ver que animales eran. Al amanecer siguieron sus camino abriéndose paso entre la espesura de la vegetación, de pronto frente a sus ojos apareció un Huatapuñoc (anaconda), de aproximadamente 10 metros de largo, enrollada en un árbol, ellos se asombraron pues no era muy común encontrar este animal, que según los mitos duerme todo el año y despierta solo una vez, los mineros pasaron muy tranquilos pues sabían que estaba dormido, decían en voces bajas “ Dios está con nosotros”.

Apresuraron la caminata y llegaron a la cabecera de colorado donde acamparon, alrededor de la media noche empezó a caer una tormenta con rayos y truenos. La tormenta era tan fuerte que a 50 mt de ellos cayo un rayo sobre un árbol de caoba, haciendo un sonido estruendoso, por el miedo no se atrevieron a salir.

Al día siguiente a las 5 de la mañana se aproximaron al árbol, el cual estaba tirada en el piso con todas sus raíces afuera, por curiosidad se acercaron a verlo de cerca y se sorprendieron al ver que en el hueco que había dejado las raíces había muchas pepas de oro, todos muy emocionados empezaron a recogerlos en sus alforjas, cada uno de ellos recogió aproximadamente cuarto de kilo de oro.

Contentos con el oro que habían encontrado, pero no estando satisfechos con ello continuaron su travesía hasta que, el día 15 acamparon en una qocha (laguna) llamado Paña qocha, en honor a un pescado que abunda en el lugar llamado Paña.

Cuando estaban durmiendo, alrededor de las 11 de la noche escucharon la voz de una mujer. Una voz muy fina y delicada, llamándoles de sus nombres. Inmediatamente despertaron y se asustaron, pues ¿cómo era posible que una mujer estuviera en ese lugar que era selva virgen y estaba totalmente desolado? Ellos no salieron porque sabían que en la selva había un pájaro llamado Chullachaki, y éste era un pájaro maligno, pasaron la noche en ese lugar y al día siguiente alrededor de las 4 de la tarde llegaron a una catarata de aproximadamente de 80 metros de altura. En la orilla de esa catarata sacaron sus bateas, para batear la arena y ver si había oro, encontrando bastante oro laminado, en cada bateada aprox. 100 chispas laminadas, eso quería decir que finalmente habían encontrado la veta de oro que habían estado buscando. Detrás de la catarata se veía un muro que brillaba, tres de los mineros se arriesgaron a entrar dentro de la catarata, cuando entraron se escucharon gritos fuertes y con temor a eso el cuarto minero no ingreso, huyo del lugar asustado, corrió hasta el último campamento donde habían acampado los cuatro. Allí espero por 3 noches, esperando que sus amigos regresen, más ellos nunca regresaron, entonces decidió regresar a la ciudad y narro esta aventura en la cual perdió a sus 3 amigos, que ni el oro que obtuvo puede compensar la pérdida.

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