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Visiones Poéticas del Cusco y La Antropoesía

Escribo sobre Cusco estando en la ciudad imperial o lejos de ella. A veces escribo notas para esta página, tanto como trabajos académicos, y a veces poesía. Todo se ve influido por mi entrenamiento y práctica como antropólogo.

No hace mucho, el conocido antropólogo Renato Rosaldo publicó un poemario sobre la muerte repentina de su esposa, Shelly, en las Filipinas cuando vivían allá con sus dos hijitos.

Conocí a Rosaldo justamente unos pocos años después, cuando pasó por mi universidad y ofreció una conferencia en cuanto a la experiencia de eventoscomo la muerte de un ser amado es algo metodológico que le permite a un etnógrafo comprender mejor partes de la realidad vivida por las personas con quienes compartes ésta y sobre quienes se escribe. 

Titulado The Day of Shelly’s Death: The Poetry and Ethnography of Grief (El día de la muerte de Shelly: la poesía y etnografía del duelo), contiene no solamente una colección de poemas que desarrollan el tema desde diferentes perspectivas, sino que medita sobre la poesía e indica que la etnografía transforma en cierta manera la poesía, tanto como los poemas pueden ser una forma de conocimiento etnográfico.

Para ello aduce una nueva palabra y una nueva poética. Llama a su práctica antropoesía, valiéndose del español para su ensayo en inglés. Y es esa antropoesía que me llama la atención. Como él soy antropólogo y hago trabajos etnográficos sobre la gente de los Andes y también, como él, soy poeta. Entonces, he aquí un poema mío sobre una realidad cotidiana en el casco colonial del Cusco. Y bien pueden preguntarse qué tiene de poesía ya que se apresura en recoger los modismos y detallar una situación muy común.

 

En una calle del Cusco

El Arte de Vender Pinturas en Cusco (Walter Coraza Morveli)
El Arte de Vender Pinturas en Cusco (Walter Coraza Morveli)

Se inclina contra el muro de piedras burdas, portafolio al costado.
Sus ojos estudian a los transeúntes. Sin que nadie vea, sus muslos
se tensan para propulsarle ni bien se acercan los turistas.

Las palabras florean seductoramente en sus labios. Algo extrañas,
ya que su madre no habla este idioma mientras teje en el suelo
a más de cien kilómetros preguntándose por qué no ha vuelto.

Baraja las acuarelas mientras los turistas aparentan no verle.
“Te gusta mi arte? Puedes ver los cuadros. Mirar es gratis”.
Algo en su mirada, o algo relajado indica que un cuadro le llamó.

“Es muy bueno. Lo puedes mirar. Soy Pablo Picaso. Lo pinté”
Recibe la pintura mientras él enfoca todo en ella para
avanzar si siente posibilidad y retroceder un poco si no.

Al otro lado de la calle le mira su amigo y se ríe. Baja la mano
rápidamente para indicarle que se apure. Tienen un partido.
Les han retado los chicos que trabajan otra zona y tienen que jugar.

“Es posible comprarlo. Le hago un buen precio. ¿Cuánto me daría?
No he vendido nada hoy día. No puedo comer si no me lo compra.
Bueno. Puede ser mañana. Mi nombre es Alex, ¿cómo se llama?”

Su amigo se aproxima riéndose y tomándole el pelo por no vender.
“Te perdiste el pavo, causa. No hay tiempo ya para vender. Tenemos
que salir para no caer en walkover. Vamos. A meter goles.”

El poema usa un lenguaje y estructura directa que se dedican a presentar un momento en la vida común cusqueña, Su poética no yace en el uso de metáforas, o lenguaje refinado, ni de formas poéticas clásicas. Es la elección y precisión del momento, un instante tan cotidiano que suele pasar desapercibido aunque sea impregnado de importancia y de valor analítico si se pretende entender la vida social cusqueña en un ambiente de mucha afluencia turística.

Aunque es casi invisible al cusqueño o a los jóvenes vendedores callejeros de arte, no lo es para el turista que experimenta la repetición de lo mismo a cada diez pasos. Se vuelve algo paradigmático de la experiencia del Cusco. El poema toma esa importancia desde la mirada de afuera, y lo vuelca, por que se escribe con una atención detallada al vendedor, su práctica, y su entorno, lo que Tim Ingold insiste es necesario en la etnografía.

Aquí se encuentra otro poema mío, pero un poema diferente porque depende de una poética aparentemente más tradicional.

 Magnolia

Hermosa Flor en Cusco (Hebert Huamani Jara)
Hermosa Flor en Cusco (Hebert Huamani Jara)

Palabras florecieron, botones de magnolia.
Se hincharon y se abrieron en pocos
segundos cuando ella se aproximó.

Flores color de versos de Neruda
aunque se teñían los botones de magenta.
Sus pétalos, universo cromático de sonido.

Su perfume me atraía. Para ellos
me hubiera vuelto abeja,
si supiera qué significaban.

Procuré responder. Dije . . . equivocación.
Se marchitaron. Se opacaron sus ojos
Se fue . . .

 

En una ciudad tan multilingüe como el Cusco, fracasos de comunicación ocurren al diario por frustrantes que sean, y la gente de la ciudad que trabaja con extranjeros se vuelve experta en lograr éxito aún frente a idiomas desconocidos y dispares.

El poema, sin embargo, se desarrolló en un encuentro que tuve en el campo monolingüe cerca de la ciudad imperial donde quise comunicarme y me falló mi capacidad linguística y, por más que el lenguaje se refiera a flores que no se encuentran comúnmente en el Cusco, se desprende de una observación de la importancia de las flores como elemento feminino y de ellas como representación de comunicación en el Cusco. Hay una sinestesia en ello que se experimenta en el poema.

Es antropoesía no solo por la atención al momento experimentado y los sentimientos alrededor del mismo, sino por situarse en el momento problemático de cualquier etnografía, el de comunicación en un lenguaje y cultura que no es tuya.

Finalmente, se presenta un poema mío que aborda el tema de ideas, lenguas, y culturas que estudia en etnógrafo que le invaden aún cuando anda por su tierra. Se vuelve una persona doble, uno que camina y trabaja en un mundo, muchas veces académico, a la vez que es habitado por los temas e ideas de otro mundo.

Para realizarse, el poema toma la historia del héroe o gran diós Thunupa y su interacción con los peces Quesintuu e Umantuu, sirenas descritas por el cronista Ramos Gavilán y abordadas en poesía por el poeta cusqueño, Odi Gonzales. En su obra, las sirenas llaman a su alma que ronda fuera desde que se le hizo la rutucha, el primer corte de cabello. En cambio, acá cumplen otro papel y, además, el poema enftiza a Thunupa más que a las sirenas. 

 

Thunupa 

Lightning in Cuzco (Edison Pino)
Lightning in Cuzco (Edison Pino)

Echado al mar. Echado, hacia donde le llevaba. Libre.
Peces hermanas surcaban, brincaban, coqueteaban.

Temprano, el tren. Corro del auto, brinco
antes que me deje. Las nubes espesan el cielo. 

Golpes, agua en los cristales, golpes, ocaso aparente.
Gotean los dedos por el teclado, se apresura la oscuridad.

Dos picos, un pico, media luna de por medio. Peces.
Su dorso y el golpe de las olas iluminados por el sol.

Chapuceo por palabras crecientes, cayentes por la pantalla.
Antes de tiempo, la estación. No estoy listo, cierro el laptop.

Humedad en la mejilla, la camisa oscurece. Luz arriba
rompiendo la penumbra. Dos arcoíris, brecha entremedio.
 

Tirado contra la roca, una boca oscura se abre.
Un sapo, una grieta, refunfuñando, furibundo.

 

En conclusion diré que la antropoesía no se limita solamente a una poética llana y descriptiva. Puede valerse de todas las posibilidades del arte poético verbal o escrito. Se define por su relación para con el trabajo de observación participante y de su calidad de atender a las realidades de un pueblo, una cultura, un lugar. Para mi, en muchos de mis trabajos, ese lugar es el Cusco.

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