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Las muertes julianas y el milagro peruano

Visitar Perú ahora, si lo recuerdas de hace unas décadas, es quedarte impresionado con el cambio. Hay carreteras nuevas, un vigor y una vitalidad económica que no se imaginaba. Y hay menos pobreza. Tal milagro ha sido obrado por el desarrollo de las industrias extractivas, más que nada, tanto como exportaciones de productos innovadores, turismo, y algo de industria.

El país andino ha experimentado un boom económico, aunque se ha perdido la alegría con el desafío de los problemas de las naciones BRIC ya que han sido un mercado principal para la venta de materias primas y su demanda mantenía los precios.

Mientras que en el Perú comienza sus fiestas patrias, celebraciones de varios días 28 y 29 de julio, vale recordar que hay mucho que celebrar, por cierto. Sin embargo muchos desafíos quedan por delante. La modernidad y el neoliberalismo, que son casi una religión para muchos, no han resuelto todos los problemas del país y, de hecho, han ocasionado otros.

Uno de estos es la muerte de alto número de ganado, sobre todo de alpacas, y de seres humanos, niños y personas mayores, a causa de la olas de fío congelante y la caída de nieve en las alturas del sur, las regiones más pobres del país.

Heladas en Puno
Heladas en Puno

Muchos comentaristas entienden este problema como la insuficiencia de modernidad y de la vida casi primitiva de los pobladores de altura a quienes les faltan los beneficios de la vida moderna y del mercado. En esta época durante los últimos años, se donan casacas y frazadas en las ciudades del Perú para que sean enviados a la gente sufrida del sur. El problema se considera como de una pobreza pre-moderna y una falta de inclusión en el mercado moderno y la sociedad nacional.

Sin embargo, esta visión no será tan verídica como parece ser y contribuirá al sufrimiento de la gente sureña rural de altura.

Me ha tocado vivir en el altiplano en diferentes ocasiones desde 1974. He visto muchas décadas y muchos cambios. Durante el invierno de ese mismo año, vivía en la gélida ciudad de Oruro en Bolivia, una región parecida mucho a Puno y a las alturas del Cusco. De noche hacía tanto frío que dormía debajo de un montón de frazadas pesadas, además llevaba puesta mi casaca, pasamontaña, chalina, guantes, y ropa interior térmica. De día, el agua que yacía en charcos en la sombra seguía congelada. No hacía suficiente calor para que se derritiera.

Cuando visitaba a familias me invitaban casi siempre un mate bien caliente, si no quemante. Solía ser de canela por sus propiedades de calentar el cuerpo. Hacían hervir el agua con cuidado en un anafre, una cocina pequeña a kerosene que había que bombear. Iluminaban sus casas con velas y, muchas veces, mecheros que ellos mismos habían elaborado, en caso de que no tuviera electricidad o se había cortado. Se conservaba cuidadosamente el calor, día y noche, durante los meses largos de invierno.

Eran bastante abrigadas las casas bajas con techos de paja y con muros gruesos de adobe. Contaban con una puerta baja donde para entrar tenía que doblarme. Muchas veces había una cocina rústica, o sea un fogón o concha en un rincón. Eran muy diferentes de las casas modernas y de moda con muros delgados de adobe o de ladrillo y techos de calamina. Estas tienen además puertas altas y ventanas con vidrio. En el invierno se sentía mucho frío en esas casas, salvo cuando entraba mucho sol.

Cuando vivía en una comunidad o un pueblo en la zona lacustre del Lago Titicaca, tapaba mi puerta y ventana con frazadas para evitar el frio que traspasaba y helaba mi habitación. En cambio, en comparación las casas viejas y chatas siempre estaban calientitas y cómodas.

En las zonas rurales, cerca de las casas viejas se solía tener un corral modesto, muchas veces de piedra, que cobijaba el ganado de la casa, sean auquénidos, vacas, burros, u ovejas. Los animales llenaban el espacio y en combinación su calor les protegía del frío altiplánico. No padecían tanto del frío como los animales que se quedaban de noche en los pastizales o campos.

Varias veces una persona mayor, mujer u hombre, me contaba de cómo era cuando ellos eran jóvenes por las primeras décadas del siglo veinte y que solía caer nieve hasta un metro o más de profundidad, mucho más que en los sesenta y setenta. Contaban de qué tal difícil era movilizarse en esa nieve. No me solían contar de la muerte de animales, ni de niños o ancianos a causa de ese frío intenso.

Entonces, las muertes actuales se deberían a la modernidad que ha llegado y ha cambiado la construcción de las casas, los corrales, y la ropa que vestían. Será un precursor de la pobreza y la caridad resultante. Habrán contribuido a su creación.

Casas con techos te calamina en Puno
Casas con techos te calamina en Puno

Por todas las comunidades de altura la gente ha abandonado las casas de estilo viejo y han construido casas modernas y nuevas con techos de calaminas que brillan en el sol y con puertas grandes. Hasta han hecho ventanas en las paredes. Significa que ahora confrontan condiciones de vida más frías que antes donde se solía sentir calor en las casas chatas y abrigadas, no importaba cuánto frío hiciera afuera.

Asimismo, se solía vestir ropa hecha por ellos de telas que tejían de lana. Se hacían chompas gruesas, corpiños, gorras de su propia lana. Ahora, más bien, se suele comprar ropa o recibirla como donación y, aunque de moda, no te abriga tanto como la ropa de antes. Se parecerán a la gente de pueblo o ciudad en términos de moda, pero sienten más frío.

Además, se tejían frazadas gruesas, y se les cuidaba. Creo que éstas les debían abrigar más que las frazadas comerciales que se compran en los mercados regionales o se donan.

Ahora venderán la lana que consiguen de sus animales, dado su valor, sobre todo de alpaca, en cuenta de hilarla laboriosamente y tejer para ellos y su familia.

En cuanto a la crianza actual de animales, no sé, ya que han pasado décadas que no vivo en una comunidad rural. Pero si se dejan los animales en el campo expuestos al frío se morirán con mayor frecuencia que si les guardan en corrales de muro alto y grueso de noche.

Crianza de Alpacas
Crianza de Alpacas

Los reportes dolorosos de niños y mayores quienes mueren del frío, o las muertes masivas de alpacas y otros animales arriban con regularidad durante este mes patrio. Nos atestigua una tarea difícil que el Perú debe atender, la de mejorar las condiciones de vida de su pueblo y de crear una sociedad más inclusiva y equitativa. Sin embargo, estos reportes y los horrores que nos relatan, anclan y mantienen la ideología de la modernidad y del mercado.

Si mis reflexiones están en la razón, entonces la modernidad y el mercado han cambiado la forma de vida de la gente y eso ha conducido a las condiciones gélidas que hoy se vive, y a la muerte del ganado y de la gente de altura.

Como consecuencia, en el Perú se debe repensar las implicancias de sus políticas económicas para poder dar valor a la vida de todos sus ciudadanos y para evitar las muertes julianas.

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