Comentario

Una generación libre “ la generacion X”

Recuerdo que mis amigas y yo nos preguntábamos por que en los medios de comunicación, la personas se referían a nosotros los jóvenes como la generación X, algunos decían que era porque éramos jóvenes que no sabíamos de donde veníamos y a dónde íbamos. Que no sabíamos lo que queríamos en la vida.

En realidad, el término Generación X fue acuñado por el fotógrafo y periodista Robert Capa a principio de los años 1950. Lo usó más tarde como un título para un ensayo fotográfico sobre los jóvenes hombres y mujeres que crecieron después de la segunda guerra mundial.

Este nombre fue popularizado por el escritor canadiense Douglas Coupland  quien en su novela hablaba acerca de los  jóvenes adultos y sus estilos de vida a finales de los 1980.

Es cierto los que nacimos entre los años  1970 Y 1987 “somos la generamos x”, una generación llena de cambios, que vivió un pasado lleno de tanta inocencia y el comienzo de una vida con tecnología.

La nueva generación! (Foto: Walter Coraza)
La nueva generación! (Foto: Walter Coraza)

Quien no recuerda haber jugado “mata gente” en las calles y en los recreos del colegio usando solo una pelota, las chicas a los famosos “Yajes” hasta que nos duela la mano, empezábamos con la mano derecha y terminábamos jugando con la mano izquierda y a nuestros padres decirnos en voz alta “no juegues yajes tu letra se va a malograr” y a los chicos “no juegues a los tiros” tu letra se volverá fea, o cuando nuestras manos parecían la piel del sapo, nos reprochaban seguro han jugado en la tierra.

¿Cuáles fueron estos famosos juegos que nos tenían tan entretenidos?

Mata gente, su nombre lo dice todo, con una pelota dos jugadores  uno en un extremo y otro en el otro extremo tiraban a matarnos a los que estábamos en el medio de ellos, si nos tocaba la pelota estábamos muertos, muchas veces te caía la bola en la cara con tanta fuerza, que en vez de llorar del dolor te reías, era una  adrenalina tan fuerte y una emoción que  lograras esquivar los pelotazos y te convirtieras en el salvador de todos los muertos.

Las famosas escondidas, este juegos se hacía casi siempre de noche, pocos teníamos  televisor blanco y negro y casi nadie un televisor a colores, así que nuestra distracción era jugar a  las escondidas, para elegir quien será el que cuente mientras los otros se esconden hacíamos el “fu -man -chu” que consistía en  mostrar la palma de la mano o el reverso, así quien tenía la mano en posición diferente a los demás estaba librado, y cuando quedaban solamente dos se hacia el yan-quen-po , piedra, papel o tijera, el que perdía era el que buscaba. Nos escondíamos tan bien y a veces nos cambiábamos de ropa para confundir al que busca, y cuando se equivocaba de decir nuestro nombre, salíamos gritando “plancha quemada” y todos salíamos con tanta alegría para volver a escondernos nuevamente.

El arroz con  leche, hacíamos una ronda y cantábamos: arroz con leche, me quiero casar, con una señorita de Portugal, con esta sí, con esta no, con esta señorita me caso yo, allí tenías que correr a abrazar a alguien, cuando quedabas solo, todos te quitaban soltero, soltero y quedabas fuera del juego.

Las famosas cuartas, en este juego podían jugar de dos a mas jugadores, se usaba una moneda uno tiraba primero la moneda y el otro si quería ganar tenía que tirar la moneda al menos a una distancia que su mano le alcance una cuarta a la  moneda del otro jugador, y así ganabas dinero, podría ser 10 céntimos o 20 céntimos.

Tantos juegos maravillosos que marcaron nuestra infancia.

Hubo también otras cosas que nos diferenciaron de la juventud actual.

Quien no recuerda haber grabado canciones de la radio en casetes (como olvidarlo si mientras se grababa en algunos casos no podíamos ni hablar, para que así no se grabe también nuestra voz), y usamos aquel VHS con sus videos que eran cajitas tan grandes.

Cuando teníamos tareas íbamos a la biblioteca, en busca de información pasábamos horas leyendo.

Y que hay de aquellos programas como Carrusel de Niños, los Súper Campeones, Candy, Marco en busca de su mamá, Goku, recuerdo que mis hermanos y yo teníamos que limpiar rápido la casa y hacer nuestras tareas para poder ver estos programas.

Fuimos la generación en la que tu padre o tu madre solo necesitaban darte una mirada de esas para que agaches la cabeza y empieces a temblar de miedo, esa mirada que significaba “ahora vas a ver”.

Esa generación que cuando mamá decía ve a la tienda dándote el dinero y una bolsa de tela que ella misma cosió, tu tenías que obedecer en una, porque si no, te caía la correa y cuando hacías algo mal, mamá o papá te perseguía y tu corrías en zig-zag para que no te alcance la sandalia, la piedra o la raja de leña.

Además de todo esto, fuimos la primera generación que jugó con videojuegos, fuimos a parques de atracciones y vimos caricaturas a color.

Aprendimos a utilizar las computadoras antes que nuestros padres y abuelos,

Aparecieron los juegos Strett Fighter, Mortal Kombat, Tetris, Mario Bross, vimos los anuncios de los primeros celulares (que parecían ladrillos) y creímos que Internet sería un mundo libre.

Crecimos escuchando a Michael Jackson, Madona, Locomia, los Prisioneros, Magneto

Fuimos la generación que con 1.00 nuevo sol podíamos comprar 20 panes

Mirando atrás, es difícil creer que estemos vivos: viajábamos en autos sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.

¡¡¡No había celulares!!!!. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila o maletín que rara vez tenía refuerzo para los hombros y ¡¡mucho menos, ruedas!! ¿Cuántos no recogimos del suelo nuestros útiles al romperse la mochila?.

Solíamos comer el choco-pilas de chocolate, tan deliciosos que nos dejaba los dientes color café, las famosas cocadas con pan, chupábamos los marcianos de diferentes sabores, Compartimos botellas de bebidas y nadie se contagió de nada, excepto de los piojos, cosa que se solucionaba lavándose la cabeza con vinagre caliente (a veces detectados por la profesora previa revisión con un lápiz), rezábamos para contagiarnos de gripe, varicela y sarampión de nuestro mejor amigo para disfrutar de las “vacaciones”.

No tuvimos PlayStation, no había 99 canales de televisión, pantallas planas, sonido surround, mp3s, ipods, computadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos con agua, durante los carnavales o jugando, Y nunca escuchamos sobre el calentamiento global.

No era necesario tener  Facebook, twitter, para saber si existíamos, bastaba con hacer bien fuerte la “silbada” del grupo o gritar fuera de la casa, en plena calle, para que toda la cuadra saliera de sus casas.

Teníamos apodos como la chata, la china, la flaca, la pecosa, el negro o cosas así, pero todos pertenecíamos al mismo grupo y por el apodo sabíamos de inmediato quien era.

Éramos responsables de nuestras acciones y acarreábamos con las consecuencias, no había nadie para resolver eso. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.

Hoy contamos con tanta tecnología, que debería significar un avance pero parece que es un retroceso, la mayoría de la gente ya no lee, simplemente entra al internet y copia lo primero que encuentra y lo imprime y lo presenta,  vamos a una fiesta y todos con sus teléfonos empiezan a escribir al que no vino a la fiesta y no hablan con el que está presente, los niños andan pegados al televisor o al Tablet, los jóvenes ahora quieren usar ropa de marca, los niños si no tienen útiles de marca no quieren ir al colegio, amenazan a los padres si no hay propina no asisten a clases. Los jóvenes engañan a sus padres y se van de fiesta, no llegan a dormir a casa, jóvenes y niños no obedecen a sus padres, los padres han perdido la autoridad, se dedican más a producir dinero y no dedican tiempo a sus hijos, ya no hay valores, el respeto a los mayores se ha perdido.

Recordemos lo bueno de la vida, la grandeza de las cosas sencillas, a nuestros hijos inculquemos los valores, dediquémosle tiempo, brindemosles amor, no necesitamos de  superficialidades, ropa de marca etc. recordemos cómo ser niños, pero sobre todo, cómo ser libres.

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