costumbres, Fiesta

Pasión por nuestras costumbres: Sara Wawa 2017

En estos días donde la población católica celebra la bajada de reyes, también se celebra la cosecha del maíz, la imagen del sara wawa, es una mezcla entre lo católico y lo ancestral. La imagen del Niño de Praga vestido y adornado con pancas y granos de maíz tiene mucho significado en la actualidad.

La celebración del Sara wawa en el Cusco se realiza dos días, el 5 y 6 de enero, en la casa cultural Kancharina, esta se encuentra ubicado en la calle Tres Cruces de Oro 380, para ingresar a esta casa embellecida con arte, se tiene que pasar por el pequeño y colorido cafetín llamado Sisariy. En el interior de la casa, desde la puerta se respira aire mezclado con arte, la vegetación y los residuos reciclados se combinan de una manera alegre en todo el lugar.

El maestro Edwin Chávez propietario de la casa y los integrantes de la comunidad Kancharina recrean con objetos reciclados toda la casa, pero al mismo tiempo investigan nuestra cultura, rescatando los conocimientos para ponerlos en práctica e interactuando con la naturaleza y las personas.

En esta fiesta se hace honor al maíz. Esta tradición andina, trata de integrar a los niños, se arman juegos, talleres de pintura, escultura, teatro, música, danza entre otras cosas, ahí los niños, jóvenes y adultos se divierten, aprenden a valorar antes de revalorar.

Para esta celebración tuvimos la oportunidad de participar con el colectivo La Manada, recibimos la jurca, para realizar la preparación de la chicha, para esto todo el equipo: Walter, Hebert, Maicol, Edwin y Fernando nos comprometimos a realizar la tradición ancestral guiados por el maestro Edwin Chávez, quien nos enseñó todo el proceso de preparación de la chicha.

La manera de cómo nos jurcaron fue fascinante, para nosotros fue la primera vez que recibimos una jurca. Nos dieron panes a cada uno de los integrantes, estos panes fueron deliciosos, elaborados a base de harina maíz, estos venían acompañados con pequeños panes preparados de la misma forma los cuales teníamos que entregar a los niños, esta acción simboliza el ayni y compromiso de participar en la fiesta.

Desde la víspera que comienza el 5 de enero todo gira alrededor de la chicha y el maíz, por la tarde se arma una pequeña misa en honor al niño maíz, luego todo se vuelve una fiesta. Cómo olvidar el inicio de esta  fiesta, alrededor de 100 personas reunidas en el primer patio danzando al compás de los bombos y zampoñas de los sicuris llamados Apu Wayra, los carguyoc Iñakapalla Chávez Bermúdez y Claudia Chacon atendiendo a todos los presentes, ofreciendo el mote y chicha a cada uno.

En el segundo patio donde se ubica la cocina, se podía ver pequeños grupos de personas interactuando y platicando sobre temas, culturales, políticos, artísticos y actualidad, a cada grupo se les veía compartiendo la chicha de un solo vaso como hermanos y en confianza. Todo esto dura hasta las 10 de la noche.

Para el día principal que es el 6 de enero, desde las 10 de la mañana ya va llegando una gran concurrencia, todo es un va y viene. Las personas, los juegos, las risas la música y hasta el mismo clima con sol y lluvia por momentos. En el lugar las personas se muestran apreciando cada rincón de la casa, mientras que los niños juegan libres entre ellos y con los mayores, en este día se comparten muchas experiencias vividas durante el año, los niños aprenden de los mayores y los mayores de los niños compartiendo risas y momentos juntos.

Los bocaditos y postres a base de maíz pasan una y otra vez por la vista y el gusto de los presente, para las 12 del medio día se comparte un pequeño almuerzo, tallarines al horno con una rica crema a la huancaína, mientras se disfruta del platillo, más personas van llegando como abejas al panal, después del almuerzo, los grupos musicales se instalan en el balcón del primer patio para hacer vibrar a todos con sus ritmos variados.

Para las 6 de la noche la fiesta continua todos se divierten brindando con la chicha preparada en casa y con las chichas que llegan de diferentes lugares, para no olvidarnos de lo nuestro y de nuestros valles donde también tienen su forma tradicional de preparación, cuando llega la hora de la cena, los carguyoc encargados sirven platillos de alpaca al horno, acompañado con una pequeña ensalada de fideos con huevo, queso, aceituna y sus infaltables papas nativas también horneadas, en el primer y segundo patio las personas se acomodan para recibir y disfrutar de la comida, luego del gran festín los carguyoc se presentan ante el público reunido para nombrar a los carguyoc que recibirán al año entrante el cargo (Sara Wawa), estos salen voluntariamente y cada uno de los 3 son aplaudidos por toda la concurrencia, así se pasa el cargo cada año.

Los carguyoc durante el año reparten el pan jurca a las personas que pueden ayudar a realizar esta actividad, todo es recíproco, piden apoyo para luego ofrecerlo.

Después de toda la ceremonia los presentes salen en una sola comparsa dirigidos hasta la  puerta de la iglesia de San Pedro, ahí se reúnen con otra comparsa que celebra el niño punchao, se encuentran las 2 imágenes, ahí todos bailan agarrados de las manos formando un círculo grande alrededor de las dos imágenes, el niño punchao y el niño maíz (Sara Wawa).

Para finalizar se realiza el “Tinkuy” encuentro, reencuentro y desencuentro, música, danza, instrumental a cargo de los sicuris quienes alegran y ponen fin a esta celebración.

 

Durante estos 2 días toda la casa cultural Kancharina se llena de vida, los detalles atrapan la curiosidad de los presentes, esta celebración marca el encuentro y el desencuentro de los concurrentes; me causo mucha ternura ver a dos niñas de 6 y 7 años repartiendo el mote en unos pocillos hondos de cerámica ¡sírvete un poquito más harto!, con esas palabras se robaron las sonrisas de los mayores y al mismo tiempo nos enseñaban su alegría de compartir. En esta casa los recuerdos vuelven como la lluvia de enero.

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