Comentario

los Manuelitos son sin iguales en el Cusco

Desenvolví el papel higiénico que cubría completamente la pequeña figura. No sabía qué esperar; tal vez un pequeño santo, un recuerdo de la hermosa ciudad del Cusco. Había pedido una figura de una artesano local.

Cuando se cayó el último trozo de papel me llené de emoción al ver el muñeco exquisito en el nido de papel. Tenía ojos marrones emotivos y hermosos y manos extendidss. Me quedé encantada y pensé qué tan lindo se quedaría en mi nacimiento.

Me admiré de la artesanía, los dedos de los pies y de las manos perfectos. ¿Quién habrá creado semejante perfección? La obra era fina y lo puede evaluar por haber creado también muñecos en porcelana cuando era más joven.

El Niño Manuelito(Photo: Walter Coraza Morveli)
El Niño Manuelito(Photo: Walter Coraza Morveli)

El niño vino con una tarjeta que indicaba era obra de Eliana Valencia Farfán. Ella vende su artesanía en diferentes ferias durante el año, incluyendo en el famoso santurantikuy de diciembre. Comencé a buscar en línea los nombres de su comunidad de naestris artesanos.

Encontré al famoso Antonio Olave Palomino. Trabajaba en yeso y madera y hacía alfarería y objetos de arte fino. Richard Varr lo describía como una persona rodeada de ángeles. Varr describe su taller de la siguiente forma. “Se sienta entre cuchillos para tallar, salpicados de pintura, y un montón de pinceles al lado de frascos abiertos de pigmentos suaves y con tonos de tierra. Cuatro esculturas de madera reposan en su mesa, figurines precisamente talladas que pronto se verán como los santos, vírgenes, y ángeles brillosos en los estantes alrededor suyo.

“Trabaja sin hablar y con tranquilidad en su taller y galería al lado de una calle angosta de la zona cusqueña de San Blas, una zona popular de artistas y artesanos centrada en la iglesia de San Blas, la más vieja de la ciudad, con su altar plateado y pinturas masivas inspiradas en la biblia y la conquista, todas de la escuela cusqueña de tradición.” (Referencia)

Me puse triste al saber que Olave fue uno de los artistas famosos quienes habían fallecido en el 2016. Fue reconocido por su creación del “niño de la espina,” su representación de Q’alito que mezclaba el niño Jesús con el Manuelito del Cusco. Aunque había algo de controversia en cuanto al origen de la imagen, la directora de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura, Soledad Mujica dijo: “A pesar de que su origen puede rastrearse hasta el virreinato español, otras versiones sitúan la historia contemporánea de Manuelito en 1975, cuando delegados de la comunidad de Vilcabamba llegaron al taller de Antonio Olave, uno de los artesanos más conocidos del Cusco en el siglo XX. Según la Asociación Inkaterra, los comuneros le pidieron restaurar una imagen de madera del niño Jesús que había sido rescatada de las profundidades de un abismo.

Olave escuchó la historia de Q’alito, un pastorcito que se clavó una espina en un pie para consolar a un amigo que pasaba por el mismo percance, y “quedó tan impresionado con el cuento que se convirtió en su inspiración para crear a Manuelito, la imagen de un niño Jesús con una espina en el pie en recuerdo de Q’alito”. (Referencia)

La imagen se ha vuelto tan popular que de acuerdo con Patricia Carrasco del Cusco “En San Blas se encuentra imágenes del Niño Manuelito en cada artesanía y es uno de los poco recuerdos auténticamente cusqueño que se podrá comprar. No conozco a ninguna familia cusqueña que no tenga uno en su hogar.” (Referencia)

Al mirar a mi muñeco de porcelana tan preciosos, pensé en las palabras que encontre en Inkaterra “El Niño Manuelito se caracteriza por tener la tez blanca o cobriza y por sus mejillas rosadas, ojos vidriosos, dientes hechos con el cálamo de una pluma de cóndor, cabello ondulado, un paladar de espejo y, en algunos casos, finas lágrimas de cristal. Los artesanos emplean madera y arcilla para trabajar con técnicas que han trascendido generaciones.” (Referencia)

Mi Niño no tendrá dientes de cálamo o lágrimas de vidrio, pero sí era más precioso de lo que las palabras pueden expresar. Lo coloqué en mi pesebre y esperaba que generaciones de mi familia lo atesorára

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