cuentos, leyendas

Cuento popular del origen de la cocaína

Una costumbre bastante practicada hasta nuestros días en los barrios populares del Cusco es beber chicha, las chicherías no dejan de ser esos lugares amenos y mágicos, donde uno puede descansar las fatigas del día a día, donde uno puede sentirse cómodo y placido, se encuentre solo o acompañado, de hecho las chicherías muchas veces funcionan también como lugares de socialización o puntos de encuentro de viejas amistades.

Una de esas tardes cuando regresaba a casa bajo el infernal calor de la tarde decidí tomarme un vasito de chicha como bálsamo para mi sed, efectivamente la chicha no solo fue un alivio sino también un deleite, mi intención en ese momento era refugiarme por un momento del intenso calor de estos días bajo la sombra de la chichería, al tiempo que aplacaba la sed, ya satisfecho me disponía a retirarme, cuando un señor con vestimenta típica de trabajador de la tierra en el campo, muy amable me ofreció unas hojas de coca, le acepte por cortesía, total tenía pensado que es una costumbre que aún sobrevive y resiste, el señor muy atento noto mi falta de entusiasmo, entonces me hablo sobre la percepción que el tenia de los jóvenes y el consumo de la hoja de coca.

Muy sutilmente me dijo que muchos jóvenes en su comunidad se avergonzaban de ciertas costumbres y que se inclinaban por costumbres más alienadas o citadinas, algo de lógica encontré en su discurso, a veces usaba palabras quechuas y se reía a carcajadas de la actitud que toma el hombre contemporáneo, me habló incluso de como los hombres satanizaron la hoja de coca al convertirla en cocaína.

Coca leaves

El señor de hecho me sorprendió con su punto de vista, empecé a masticar más hojas de coca y pedí otro vaso de chicha para escucharle un poco más, entonces me contó que alguna vez había escuchado la historia del origen de la cocaína, según él la había escuchado de otro Wayqe (hermano).

Sentí curiosidad por conocer la historia y no tanto por la fuente de esta. Cuenta la historia que un hombre escapo del maltrato al cual estaba expuesto una vieja hacienda de en un pueblo oculto entre las montañas de la selva central, huyo para no ser capturado y se refugió en un lavadero de oro, donde corrió una suerte mucho peor, tuvo que someterse a las duras condiciones de trabajo y al maltrato del capataz, que era cada vez más duro con los trabajadores por su falta de fortuna en la búsqueda de pepitas de oro- Trabajaba para sobrevivir y pagar sus deudas con el dueño del lavadero por su alojamiento, el hombre cada vez se sentía más desdichado, no cambiaba su fortuna, ni siquiera había conocido el amor, más aun se sentía muy solo, aprendió la costumbre de beber agua ardiente para calmar sus penas y a chacchar(masticar) hojas de coca para mantenerse fuerte en el trabajo; en ocasiones caía tanto en la melancolía que se embriagaba para olvidar su soledad, en una de estas ocasiones se puso a maldecir su suerte llegando incluso a blasfemar contra Dios, creía que no soportaba más y que lo mejor era arrojarse a las aguas del río, en ese momento se le apareció un tipo de traje elegante, muy bien alineado, el hombre no lo podía creer, recuperó la consciencia del susto, se quedó tieso, sin saber qué hacer.

El sujeto del traje le dijo que había venido a solucionar sus problemas y a cambiar su suerte, ante semejante propuesta el hombre recupero el sentido, se incorporó incrédulo de lo que le decía el caballero de traje, lo miro bien y le pregunto ¿y cómo cree usted que puede cambiar mi suerte?, a lo que le contesto, pídeme todo lo que tú quieras y yo te lo concederé, el hombre reflexiono sobre que podía pedirle que pueda cambiar su suerte, la respuesta casi asomo de inmediato, la clave era el dinero, si era un hombre rico no necesitaría trabajar, mucho mejor aún sería importante y tendría bendiciones, podría marcharse a disfrutar de la vida y quién sabe conocer el amor, así aplacaría incluso su soledad. Entonces concluyo que lo único que necesitaba era mucho oro para así poder tener dinero, se lo pidió inmediatamente, él en respuesta le dijo que debía ser paciente y que no dudara de esta promesa, pues pronto hallaría una gran fortuna, dicho esto el hombre desapareció de inmediato.

El pobre hombre asombrado se desmayó, lo último que pudo percibir en el aire antes de ese hecho fue un fuerte olor sulfuroso. Cuando despertó estaba tirado al pie del río, nada había cambiado, mas recordaba claramente la conversación que había tenido con el hombre de traje. Sin mucho entusiasmo decidió seguir sobreviviendo, no tanto por la aparición que había presenciado, sino más bien porque aun quería vivir.

Cuando trabajaba nuevamente recordó las palabras que le había dicho el hombre de traje, entonces pensó que tal vez su suerte podía cambiar, entonces creyó en las palabras de ese hombre, pensó que al final nada perdía intentando encontrar el tesoro que le había prometido ese hombre; así lo hizo. Para su gran sorpresa su suerte empezó a cambiar, ese día encontró oro suficiente como para pagar su deuda con el dueño del lavadero. Al día siguiente encontró más y así cada vez más, sus compañeros de trabajo se dieron cuenta que era él quien traía la fortuna, pronto le sugirieron que se convierta en dueño de un lavadero, así abandono ese trabajo para comprar su propio lavadero. Su fortuna rápidamente se incrementó, ya no era dueño de un lavadero sino cada vez de muchos más, fue así que de la noche a la mañana cambio su suerte, pudo incluso volver a ese pueblo oculto en la selva central.

Ahora tenía más dinero que los hacendados, compro todas las tierras que pudo, pues este era su pueblo natal, pronto empezó a ser un personaje resaltante y como había previsto muchos miembros importantes de su pueblo le ofrecían en matrimonio a sus hijas, quien no querría crear un parentesco con hombre tan importante.

Se enamoró de una muchacha que antes ni siquiera hubiera tenido la posibilidad de conocer, se casó y tuvo hijos, su vida era prospera y tranquila, hasta había dejado de beber gracias a su esposa, ya unos años más tarde en el matrimonio de una de sus hijas se había excedido en copas, embriagado por whisky que para él era algo nuevo, se alejó de la fiesta para no llamar mucho la atención.

Se sentó al pie de un árbol a chacchar unas hojas de coca para recuperarse de la embriaguez, en eso se apareció nuevamente de la nada, el hombre de traje que años atrás le había prometido la fortuna que ahora poseía, para ese entonces el hombre ya sabía que se trataba del Machu Saqra(el diablo) “Y bien” le dijo el tipo de traje “he venido por tu alma, yo ya cumplí con mi parte del trato, te di lo que me pediste y ahora vengo por lo que me pertenece”, recién en ese momento el hombre se dio cuenta de que todo tenía un precio y que el Machu Saqra en realidad le había dado el oro a cambio de su alma. Aún confundido por semejante aparición se metió unas cuantas hojas de coca en la boca para así poder reaccionar y estar más consciente, chaccho rápidamente.

Se le ocurrió hacerle un acertijo al diablo, entonces le dijo “está bien Machu Saqra, si has venido a llevarte mi alma no me opondré, siempre y cuando puedas responderme ¿Por qué tengo la boca hinchada?”, el diablo miró fijamente al hombre y noto que sus cachetes estaban inflados y redondos, entonces echó una carcajada y respondió: “lo que tienes es dolor de muela, por eso tienes las mejillas hinchadas”. El hombre casi inmediatamente saco de su boca unas bolas verduscas de la coca triturada, mezclada con saliva, el diablo al verlas enfureció y le dijo “me has engañado, ahora me iré sin tu alma, pero desde ahora me encargare de que los hombres ya no chacchen coca”, finalmente el hombre se volvió a desmayar ante el olor sulfuroso y la desaparición del demonio, al día siguiente despertó y encontró un polvo blanco que le manchaba la ropa, la caspa del diablo.

El cuento me pareció divertido, algo similar a muchos otros cuentos populares que había escuchado en cuanto al demonio, pero singular porque hablaba de la cocaína, este señor me hizo reflexionar sobre la gran cantidad de cuentos que se han escrito sobre el oro, el demonio y la hoja de coca, entre ellos recordé uno de mis favoritos “Como habla la coca” de Enrique López Albújar. Pensé que otras personalidades han escrito incluso tratados sobre la cocaína, recordé a Sigmund Freud  que tuvo problemas con el uso de este alcaloide.

En nuestros días es un problema que va en crecimiento a pesar de la prohibición del uso de este estupefaciente, lo que ha repercutido también en los pueblos de américa del sur, pues también se prohíbe la producción de la hoja de coca.

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