Celebracion

Cuando los niños bailan en el Cusco, es mucho más que una simple danza

Cusco se mueve al ritmo de las flautas y tambores en estos días. Por lo menos un quenista y un tamborista tocan mientras clases enteras de niños bailan. Estos ensayos no sólo toman lugar en el centro de la ciudad, sino que ocurren donde quiera que haya una escuela o un espacio público.

A partir del jueves de esta semana, el centro de Cusco será el escenario donde una comparsa u otra del Cusco demuestre sus proezas colectivas como intérpretes de la danza tradicional y que se enseñen como parte de los grupos sociales que conforman el Cusco, tanto la ciudad como la región.

Los niños comienzan a aprender a realizar los pasos y absorber los ritmos de las danzas en una temprana edad. Estarán aprendiendo ya en sus hogares al ver a los miembros de la familia practicar pasos o probar trajes típicos. Y, cuando salen del hogar al jardín o kinder comienzan a practicarlas seriamente.

Niños bailando en la Plaza de Armas (David Knowlton)
Niños bailando en la Plaza de Armas (David Knowlton)

Éstos son precisamente los niños que están trabajando sus pasos estos días, algunos de manera algo vaga y otros más hábilmente al paso de tambor y quena, la flauta tradicional.

Los niños crecen en una ciudad donde un mall con su enfoque en la satisfacción de sueños individuales se ha convertido en un espacio central, y además crecen con el reggaeton y el hip hop inglés en la radio y el internet, los cuales celebran el logro individual y el amor, la apoteósis del yo en el otro.

Sin embargo, en estos ensayos que los cansan aprenden otra cosa. Su cuerpo se ajusta a un ritmo que implica una identidad para su ciudad como algo mucho más que una mera aglomeración de individuos.

Es la “Ciudad Imperial”, el “Ombligo del Mundo” y ellos, aún cuando son pequeños, llevan una “cultura milenaria”. Son “Incas” y saber realizar las danzas típicas lo demuestra.

Además de aprender estos símbolos y emblemas de una cultura colectiva profunda en sus piernas, pies y pulmones, los niños también aprenden otra cosa. Aprenden a bailar uniformemente, a dar los mismos pasos al compas de la música. Se mueven en filas y como un cuerpo colectivo.

Seguro que sus familias estarán allí viéndolos actuar, y cada madre verá en su hijo a alguien especial. Ellas celebrarán que su hija o hijo haya comenzado una vida pública en el Cusco bailando alrededor de la plaza.

Aunque esto pueda parecer individual, se trata de conectar al niño y sus habilidades y personalidad con el flujo de grupos que juntos forman esta “gran ciudad”. Ser un Cusqueño no es un deporte ni una cultura de espectadores, donde se enciende la televisión o Youtube para ver a elites realizar su cultura para uno. En lugar de ello, se requiere su cuerpo, el latido de su corazón y sus pies en la danza.

Niños bailando en la Plaza de Armas (David Knowlton)
Niños bailando en la Plaza de Armas (David Knowlton)

El individualismo puede ser el lema de la economía de mercado, con un conjunto común e internacional de sueños que la gente puede comprar y llevar a cabo aunque sea simplemente como espectador. Sin embargo, en el Cusco la identidad y la cultura colectiva y local es fuerte y activa.
Se trata de ser más que un individuo. Se trata de conocer los pasos y la coreografía para bailar juntos como una sola comparsa.

Esta unión e identidad grupal, construida en sus músculos y huesos, es lo que aprenden los niños pequeños de Cusco mientras tratan de bailar, se corrigen y vuelven a realizar los pasos mientras suena la flauta y el tambor.

El jueves estos niños bailarán alrededor de la plaza ante los jueces y la ciudad.

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