Comentario

¿Cómo se dice mall en español? Una queja.

Mientras tomaba un buen café en La Bondiet de la Avenida de la Cultura del Cusco, en la urbanización Magisterio a unos cuatro o cinco kilómetros de la Plaza de Armas, no podía evitar escuchar una conversación en inglés. Era antes un lugar de descanso del turismo continuo del centro de la ciudad, aunque cada vez más extranjeros, como yo, y mayormente norteamericanos si su habla atestigua correctamente, han comenzado a frecuentar el café.

Muchos son estudiantes que estudian, me parece, en uno de los institutos de enseñanza del español que se han abierto cerca, ya que la educación y el voluntarismo como turismo se han vuelto lucrativos para los cusqueños.

Este día, las tres mujeres que estaban sentadas delante de mi, conversaban a voz alta en inglés y, aunque procuraba concentrarme en mi lectura y mi escritura, no podía evitar ser integrante de su plática, aunque fuera de forma pasiva quien pretendía no escuchar nada.

Una de las mujeres portaba una polera que proclamaba algún orgullo de Dallas, Texas entonces presumía que era de ahí. No hay nada más grande que la auto-promoción tejana, y lo sé porque crecí en el estado y además viví diez años en su capital, Austin, mientras estudiaba.

Hablaban de muchas cosas, incluyendo de la escuela donde enseñaban el inglés. Después de un tanto comenzaban a quejarse de sus estudiantes como suelen hacer los profesores. En sí no es gran cosa, nada más un hábito del gremio para deshacerse del estrés rutinario. Es normal quejarse del trabajo y de los clientes. Permite seguir adelante.

Les admiraba por vivir y trabajar en un país que no fuera el suyo, sobre todo cuando se hizo obvio en sus interacciones con el mesero que casi no hablaban español. Lo que si pronunciaban tenía un dejo norteamericano re-fuerte. No podían obligar a sus labios y lengua a que produjera los sonidos algo ametrallados del español, aún el de Cusco que es más lento que el de la costa.

Como había escrito, les admiraba. Es difícil vivir en un país que no sea el tuyo, sobre todo cuando luchas con su idioma. De hecho, es complicado aprender a aprender otra forma de hablar cuando ya eres mayor, aunque sí es posible. Tus esfuerzos se ven limitados por la camisa de fuerza de tu idioma materno.

A pesar de sus dificultades idiomáticas lograron hacer su pedido y regresaron a su conversación en cuanto a la gerencia de su escuela y de sus clases. Una con la voz aguda dijo que sus estudiantes en el Cusco son carentes de inteligencia y puso como ejemplo que no pueden ni siquiera absorber lo básico de la pronunciación del inglés y, como resultado en su opinión, la gramática.

Otra agregó que le confundían los estudiantes y citó un ejemplo. Arguyó que ni pueden decir las cosas más sencillas, aunque ella misma no pudiera decir las cosas más sencillas en español y mucho menos en el quechua que también mencionaba. Sin embargo su frustración se desbordaba con ellos. Dijo en su inglés, “No pueden ni decir la palabra “mall” aunque ahí van siempre. Es importante pero rehúsan decirlo correctamente. Siempre dicen mol en cuenta de mall. ¡Lo pueden creer!”

Por dios. Me sentía como si estuviera presente cuando Pizarro y su pandilla caían sobre el Cusco quechua-hablante y golpeaba a la gente por no poder bregar con las cosas más sencillas de la lengua divina, el castellano. También fui transportado en el instante al Nuevo México y al Texas de mi infancia donde atestigüé como se maltrataba a los niños hispanohablantes en esos estados norteamericanos que fueron parte de México y por consecuencia contaban con una población numerosa hispanohablante. Vi cómo les tomaba el pelo sin misericordia y se les echaba los perros del casticismo anglosajón sobre ellos. Vi cómo les castigaban, a veces físicamente.

Estas profesoras parecían no tener consciencia de cuanto se lucha en poder pronuncias el inglés, un idioma extranjero que necesitan para sus trabajos, sobre todo si se trabaja en turismo, un idioma que ellas habían aprendido en su niñez para su buena fortuna. A pesar de enseñar inglés como segundo idioma y vivir en un país extranjero, no tenía ninguna empatía con las dificultades de sus idiomas con el difícil idioma de Cervantes.

Sus errores en la pronunciación del español se me hacían deliberados, ya que como muchos angloparlantes del gran suroeste norteamericano donde, a pesar de vivir al lado del español toda su vida, lo hablan mal adrede por ser anglos. La sociolingüista Jane Hill ha escrito profesionalmente en cuanto a esta variedad de español machucado fronterizo. A veces se habla deliberadamente (como también puedo hacer en forma de broma: “me no speako Spanisho”, aunque de verdad si lo hablo y bien desde que era chavalito. En eso su humor irónico.) A veces también se habla sin consciencia. Este dialecto es un resultado de la desigualdad lingüística de Texas y la gran zona fronteriza con sus Del tacos y sus Vista Mars, etc.

Me encontré con pica, como dicen en Cusco, y defensivo por la calidad e inteligencia de los estudiantes cusqueños que trabajan con mucha dedicación y mucho esmero para lograr comunicarse en un idioma donde la pronunciación y gramática es un laberinto y donde el deletreo es una pesadilla. Entonces me levanté y me fui antes de cantarles sus verdades.

Sin embargo, me puse triste y algo avergonzado por la ceguera cultural y lingüística de esas profesoras con quienes comparto el pasaporte.

En su afán de dar prioridad a su herencia anglosajona, perdían algo muy importante. Sus estudiantes son hispano parlantes y en su idioma el sonido de mall suena como mol. Austin, donde vivía, se pronuncia como “Ostin”, en el español de Tejas, y es más. El español cuenta con la palabra mal que suena algo como les gustaría que pronunciaran sus estudiantes la palabra mall. Es decir, mal, con un significado muy distinto y algo fuerte.

Si los estudiantes pronunciaran como quisieran las profesoras, entonces estaría complicando el entendimiento ya que sus amigos y familiares escucharían la palabra mal y no mall. Seguramente los encargados de marketing del centro comercial Real Plaza no quisieran que se confundiera de esa forma. Entonces, se pronuncia mol para evitar problemas de acuerdo con las reglas implícitas de la pronunciación y usanza en el Cusco.

Será importante que el número creciente de profesores del inglés, en el Cusco, de países de países angloparlantes tuvieran conocimiento de cómo funciona el idioma y que tuvieran un buen conocimiento del español (y del Quechua).

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